La Guerra Civil en el País Vasco se inició en 1936, cuando un grupo de militares sublevados contra la República dio lugar al comienzo del conflicto armado en España. En el País Vasco, la situación fue especialmente complicada debido a la existencia de importantes diferencias políticas y sociales que estallaron con la guerra.
El País Vasco estaba dividido en dos regiones: la de las tres provincias vascas y Navarra. Mientras que en las tres provincias predominaba el apoyo a la República y se desarrolló un amplio movimiento obrero y sindical, en Navarra el poder feudal aún mantenía un gran control sobre la población.
Además, en el País Vasco había un fuerte arraigo nacionalista, que en algunos casos llegaba a defender la independencia. Este nacionalismo vasco se dividió entre aquellos que aceptaron la legalidad republicana y los que, junto con otros sectores, se sumaron a la sublevación militar.
Desde el inicio de la Guerra Civil, el País Vasco se convirtió en una de las regiones más importantes del frente Norte, donde se desarrollaron algunas de las batallas más cruentas del conflicto. En 1937, el ejército franquista consiguió ocupar la provincia de Guipúzcoa.
Tras la conquista de Guipúzcoa, las tropas franquistas se dirigieron a Vizcaya, donde se libraron algunas de las batallas más importantes de la Guerra Civil. La capital de Vizcaya, Bilbao, se convirtió en uno de los principales objetivos de los militares franquistas, quienes finalmente la ocuparon en junio de 1937.
La caída de Bilbao supuso un duro golpe para las fuerzas republicanas y la resistencia en el País Vasco comenzó a verse cada vez más reducida. En septiembre de 1937, las tropas franquistas ocuparon San Sebastián, y poco después toda la provincia de Álava.
Tras la caída del País Vasco en manos franquistas, se desató una brutal represión contra la población vasca. Los franquistas llevaron a cabo un proceso de depuración ideológica y social, que se saldó con miles de muertos, desaparecidos y encarcelados.
Uno de los episodios más trágicos de la represión franquista en el País Vasco fue el bombardeo de Gernika, ocurrido el 26 de abril de 1937. La ciudad fue arrasada por la aviación alemana, en apoyo a las tropas franquistas, causando centenares de muertos y heridos.
Además de los bombardeos, los franquistas también llevaron a cabo fusilamientos masivos, arrestos y encarcelamientos, torturas y violaciones. En muchos casos, los represaliados eran personas con una ideología de izquierdas o con un compromiso activo contra el franquismo.
La Guerra Civil dejó profundas cicatrices en el País Vasco, tanto a nivel material como humano. La represión franquista y la guerra provocaron la muerte de miles de personas y la destrucción de numerosas infraestructuras y ciudades.
Además, el final de la contienda supuso la implantación de una dictadura que duraría 40 años, durante la cual se mantuvo un estrecho control sobre la sociedad vasca. El régimen franquista llevó a cabo una política de persecución y prohibición de la lengua vasca y las expresiones culturales y políticas relacionadas con el nacionalismo vasco.
La Guerra Civil también provocó un éxodo de la población vasca hacia otros lugares de España y el extranjero. Muchas personas optaron por el exilio para escapar de la represión franquista o para buscar trabajo en otros países.
A pesar de los años transcurridos, la Guerra Civil y sus consecuencias siguen siendo un tema de debate y controversia en el País Vasco. Muchas de las víctimas de la represión franquista siguen sin haber sido identificadas ni reconocidas.
Desde la transición democrática, ha habido una intensa actividad en torno a la recuperación de la memoria histórica y la denuncia de las injusticias cometidas durante la Guerra Civil y la dictadura franquista. En el País Vasco, este movimiento ha sido especialmente activo, con la creación de asociaciones y grupos que trabajan por la recuperación de las víctimas, la memoria y la verdad histórica.